El tren burra es uno de los depredadores más temibles de la fauna del transporte ferroviario asturiano. Pese a los constantes conatos en los que este semoviente aparecía como un bicho en vías de extinción, las últimas noticias al respecto vuelven a presentarlo vivo y circulando por la red astur. Izquierda Unida se lo ha encontrado de nuevo. Ahora que nos habíamos hecho a la idea de ver en nuestras estaciones esos pedazo de trenes futuristas, con pico de pato y diseño que galopa y corta el viento como un pura sangre, no como un pollino, resulta que vienen con la rebaja y nos apiolan las ilusiones soltando por Asturias un nuevo rebaño de trenes burra que ya ha pasado por unas cuantas manos de chapa y pintura.
En cuestiones de trenes es necesario leer muy bien entre vías, ya que por una parte se nos ofrece un futuro esplendoroso en el que tardaremos tres horas en llegar a Madrid pero, ay amiguín, de momento habrá que conformarse con viajar e sucios trenes que ya iban hacia el Norte en los tiempos de Joaquín Sabina y que siguen yendo en la misma dirección en tiempos de sus nietos. En verdad, en verdad os digo que poco han cambiado las cosas en nuestra histórica red ferroviaria. La reaparición del tren burra recortándose en el horizonte, hace que nuestras estaciones de ferrocarril recuerden a las estaciones de un vía crucis ferroviario que es de pasión y muerte. Pasión en las promesas electorales y muerte en la realidad contante y sonante.
El tren burra no está en vías de extinción. El tren burra está en las vías de Asturias, una comunidad que sólo pide lo que le toca y a la que no le dan más que lo que sobra. No veo yo a don Arturo Mas pidiendo trenes nuevos en Madrid. No creo que en las líneas férreas que van a Sevilla o a Valencia se atrevieran a poner trenes de segunda mano. Si los trenes burra son tan buenos como dicen, que se los queden en Madrid o que dejen de rebuznar promesas imposibles..