Junio 29, 2009

Ni orgullo, ni nada

Ayer me llamó un amigo para animarme a formar parte de la junta directiva para organizar del Día del Orgullo heterosexual. Se celebraría el 19 de marzo, día del padre. Le hice notar a mi amigo que la virilidad de San José llevaba cuestionada mucho tiempo, le agradecí la propuesta y quedé en pensarlo con tranquilidad.

La verdad es que es un riesgo decir que uno se siente orgulloso de su heterosexualidad. A todos los tíos que confesamos esta condición se nos presupone machistas, incapaces de leer a Rilke, insensibles, discapacitados para la plancha, el cosido de botones o el arte en general. Además, a estas alturas de la película uno tiene la heterosexualidad tan abollada y con tantos rayazos que sería como estar orgulloso de tener en el garaje un coche sin batería. Uno está orgulloso de pocas cosas propias. No puede presumir de inteligencia excesiva, va perdiendo memoria, tiene chata la perspicacia, ajado el sex appeal, apolillado el amor propio, cuarteada la solidaridad, le amarillean los propósitos y los discursos le repiten más que la morcilla. No me siento parte de minoría alguna (de momento), me he casado como los de toda la vida, mis hijos me insultan como al resto de los padres, tengo una hipoteca desmesurada y ni siquiera puedo pasear un perro de raza exótica, agresiva o peligrosa.

En medio de tanta vulgaridad vital, el hecho de ser heterosexual me produce tanto orgullo como lavarme los dientes por la mañana. No tengo arreglo. Ni orgullo.

Nunca llegaré a nada.

Junio 29, 2009

Estuve cuerdo

Después de años de hacer esfuerzos para estar cuerdo, me volví loco. Pasa a veces. Uno se cree que coge el tren en una dirección, pero termina por rendir viaje en la estación contraria. Es lo mismo que un levantador de pesas que perece aplastado por las bolas de acero, o el tipo que muere de un infarto mientras corría por el parque para mejorar su salud. La cordura constante genera muchos locos, casi en la misma proporción que ciertos reyes motivan mucho las causas republicanas, o que los padres progres crían hijos ultraderechistas.

Casi todo sale al revés en la vida. Uno va de cuerdo y termina loco de remate, observando cómo a locos reconocidos se les tiene por seres cabales cuyas babayadas crean opinión. El caso es que ahora que estoy loco rebusco sin prisa en una vieja lata de Cola-Cao los recuerdos de cuando estuve cuerdo. Allí encuentro restos de aquel tipo que pagaba la hipoteca, el recibo del Sporting,la cuota de canal plus, el seguro del coche, las muñecas de su hija y la cuenta de los bares y de los dentistas. Quedan de mi cordura fotos de bodas, bautizos y vacaciones,cumpleaños amarillentos y recuerdos de ciertos pecados de juventud que parecen ahora paraísos perdidos.
Ese tipo era yo antes de estar loco. Conducía por la derecha, pensaba por el centro,meaba dentro del orinal,callaba desde la primera pregunta, guardaba los abrigos en naftalina durante el verano y tomaba pastillas de colores para mantener cerrada la puerta del caballo de Troya que había en mi cabeza.
Ahora el caballo está libre y corre cada vez más.

Junio 21, 2009

En casa

Dicen los técnicos demoscópicos que hay un 12% de personas que nunca salen de casa. Ya sea por evoción,obligación, mutilación o prevención ante el género humano, hay un montón de gente que prefiere lo malo conocido a lo bueno por conocer y transitar por lo segado ,ir por la sombra y no llevar más sustos de la cuenta cruzando el amable umbral del portal. Lo cierto es que siempre hubo mucha gente sabia y distinguida que prefirió pasar los últimos días de su vida en casa y aún en la cama,un recinto todavía más recoleto,porque sólo entre las sábanas tenía la certeza de estar a salvo de todo mal. Lean a Juan Carlos Onetti.
Quedarse en casa es una forma de negar la realidad como lo es, por ejemplo, el alcohol. Uno consume dosis de papel pintado conocido en su sala de estar, o de ginebra en dosis toleradas mientras ve la televisión. Mirar al fondo del pasillo de la propia casa es como quedarse abismado en el fondo de la propia botella. En ambos casos se ve lo que se quiere ver y nada más. El territorio es conocido en ambos casos y vasos.No hay sorpresas.En el vaso anestesiante lleno de etílico navegan los fantasmas cotidianos que apenas asustan ya, de la misma manera que uno se cruza por el pasillo con los enemigos habituales, los olores a coliflor previstos o las ausencias definitivas.
La casa es el último refugio de quien no quiere o no puede salir a la calle. La calle es un largo y espeso río en el
que nadan toda especie de depredadores a los que uno nunca llega a catalogar deltodo.No está de moda quedarse encasa porque, al parecer,hay que ver y ser visto para ser alguien. La sociedad de la imagen no tolera a la gente de andar por casa, ese 12% de nuestros vecinos que no está para lucirse. Y le importa poco.

Junio 21, 2009

Ni Dios

Es posible que sea cierto que Dios esté en todas partes, pero lo que es evidente es que sus ministros no lo están aunque quieran. La Iglesia ya no es lo que era, aunque haya quien lo ponga en duda, y sus gestores se aprietan los cíngulos y se almidonan las casullas para los tiempos duros que vendrán, en los que elúnico eco que recibe la voz del
párroco es la que le devuelven las paredes de su iglesia medio vacía. Cañizares, Rouco y compañía dan más miedo que otra cosa y así no llena las iglesias ni el mismo Dios.
Dios seguirá estando hasta en los pucheros, incluso en los que ponen algunos obispos cuando las cuentas no les salen y hay que hacer regulación de misas, porque sobran hostias y faltan comensales. Siempre se nos dijo que muchos eran los invitados pero pocos los elegidos,de manera que igual en Roma y sus sacristías no deberían de disgustarse tanto por la marcha del divino negocio.Cada vez hay más selección en la clientela, lo cual no deja de estar bien. Ya se sabe que,al fin y al cabo, perdón por los tópicos, Dios aprieta pero no ahoga. Qué se yo.
El caso es que la Iglesia imperial que no hace mucho disparaba excomuniones con artillería pesada sobre los pecadores que se movieran,se va dando cuenta de que sus ejércitos están diezmados y de que no hay más remedio
que volver a las guerrillas con lo que se tiene por casa.
Los apóstoles no eran más de una docena y tuvieron bastante éxito sin falta de llevar alzacuellos. A lo mejor es que no eran tan quisquillosos, ni tan obispos, ni estaban tan alejados del personal, tenían que llegar a fin de mes y hasta los había con suegra.
En fin, que Dios reparta suerte.

Junio 8, 2009

De batracios

Ayer me besó en la boca un candidato a las europeas y pasé de ser un humano algo demócrata a una rana anarquista. El encanto se obró ante una urna, cuando yo iba a votar haciendo de papeletas corazón, de tripas voluntad y de necesidad virtud. Ya estaba servidor a punto de neter la papeleta en la urna, cuando llegó el candidadato en traje de faena, con su camisa atrremanganada, sus andares campechanos, sus saludos urbi et orbe, su convicción de manual, su sonrisa sin caries, su programa con roña… Y yo, que en el fondo soy un mitómano, me quedé helado ante la visión del tipo de los carteles allí,  a mi lado, en carne mortal.

-Busco un votante, dijo él como dijo el Príncipe azul que buscaba a la Bella Durmiente, como Diógenes desde su barril, aquél que buscaba un hombre.

-Busco un votante, dijo de nuevo mirándome a los ojos.

-Yo voto poco y menos por usted, perdone, dije muy bajo mientras él se acercaba a mí con la mano derecha extendida en posición de apretón.

-¡Pues tienes que animarte hombre!, me gritó mientras atenazaba mi mano como quien exprime un limón.

-Es que… -balbuceé yo sin más argumentos que los del pobre ciudadano de a pie que oye los mítines como quien oye el croar de las ranas o el coro de los grillos que cantan a la luna- no me creo que usted no nos vaya a salir rana una vez que le hayamos mandado a Estrasburgo o por ahí….

-¿Rana yo?, río el candidato. Vamos, muchacho, dame un abrazo y verás como te convenzo.

Y yo, que soy un membrillo educado con tanta Transición y tanto consenso y tanto 23-F, me eché en brazos de aquel energúmeno. Él me inmovilizó  mientras, con rabia, me susurraba al oído: “¿Salir rana yo? Ahora verás, cabrón”, y me besó en la boca metiéndome dentro una lengua larga y fina, como un batracio que cazase una mosca o un voto. Y así fue. No tuve tiempo ni de llamarle guarro. En un santiamén me ví verde, paticorto, con más papada que en mis tiempos de humano y saltando entre las papeletas amontonadas, perseguido por el presidente de la mesa, el candidato, los apoderados, el segundo vocal y unos niños que andaban por allí.

Escribo esto escondido detrás de una urna que no se volverá a usar hasta dentro de dos años. A ver si entonces alguien me vuelve a besar y recupero mi  aspecto. Eso, o que me metan de candidato en una lista cualquiera para poder ser un batracio de dos patas.

Junio 7, 2009

El amar y el comer

Una revista especializada ha publicado que el enamoramiento es un sentimiento más próximo al hambre que al afecto. Al parecer, el cerebro pone en marcha mecanismos similares cuando se quiere poseer a un ser humano o devorar un bocadillo de mortadela. Lo que es la vida.

Es cierto que hay mujeres a las que apetece comer aunque sean venenosas, y que hay otras que indigestan con un solo bocado. También hay gente enamorada del caviar, el champán francés, las angulas de Aguinaga, las almejas de Carril, el jamón de pata negra o los bombones de Peñalba (Oviedo). No seré yo quien se meta con los amores de otros.

Debe ser verdad que comer y enamorarse tiene bastante que ver. Cuando uno se enamora tiende a comer menos, dice esas estupendas memeces de ‘contigo pan y cebolla’, adelgaza y tiende a adoptar pose de pianista tísico o poeta romántico. Luego, cuando los periodos de vida en pareja se cuentan por trienios, como la nómina, o por quinquenios, como los planes de la extinta Unión Soviética, la comida va ocupando algunas parcelas que antes eran coto vedado al amor. Todo son cenas de matrimonios, comidas de empresa y celebraciones de todo tíos o todo tías en torno a la mesa. Uno deja de recitar a Rilke o Neruda y se sabe de carrerilla las añadas de la Rioja alavesa o la receta del magré de pato.

A mí me parece que en el menú de la vida el amor suele ser un estimulante aperitivo.

El problema es seguir con hambre suficiente como para poder tomarlo también de postre.

Junio 7, 2009

Deseo imposible

No me gustan las noticias  con niños. Ni las buenas, ni las malas. No me gustan los reportajes llenos de topicazos periodísticos (bienintencionados, eso sí), almibarados, navideños o de laya similar. Pero me desencajan de manera especial las historias en los que un niño es el centro de cualquier suceso.

Desde la simple bofetada hasta la violencia doméstica más refinada, pasando por el abuso sórdido de la especie que sea, o la venganza conyugal con hijos como rehenes, cualquier historia con menores maltratados es un paso atrás de este presunto mundo moderno y tecnológico, una revoltura social, un asco antropológico.

Los niños deberían ser invisibles para la maldad, intocables para la injusticia, y no cargar nunca con los miedos, los odios y las frustraciones de los adultos. Los niños no son mascotas de las que uno se pueda cansar a los quince días, ni monedas de cambio, ni regalos con patas, ni la diana de un espermatozoide, ni muñecos a los que hay que

vacunar y cambiar los pañales. Los niños son lo poco decente que queda de nosotros mismos antes de que nos dediquemos en exclusiva a engordar, trabajar, pagar la hipoteca y dejar de ver a nuestros hijos. Los niños no tendrían que ser noticia casi nunca.

Es un deseo imposible

Junio 2, 2009

Señora Francis, vuelva

Ya quisiera yo que volviera a pasar consulta Elena Francis. Serrat lleva años pidiendo que resuciten a aquella conciencia de la radio, aquella voz pasada, grave, referencial, clarificadora, maternal. Uno que es hombre (al menos de aspecto y referencias) lleva años buscando senos que besar y senos en los que refugiarse. Porque esto es muy complicado, señora Francis. Porque a los tíos y  a las tías de mi generación nos nos han educado para nada útil. Nos han dicho que ser sentimental era bueno, pero luego nadie nos ha venido a limpiar las lágrimas cuando desfilaban de este mundo los mejores y los más queridos. Señora Francis: ¿qué hago con mis miedos y mis congojas? ¿dónde meto tanta soledad que ya no me cabe ni en los bares? ¿de dónde saco a los caídos, a los perdidos, a los que le dieron el corte de manga al Registro Civil sin dejar que me despidiera de ellos?

Ya ve usted,señora Francis, que estamos huérfanos de casi todo y que hay tardes de verano en las que el sol congela ciertos recuerdos que dan frío,que dan vértigo y ponen la piel de gallina. Las penas fueron alegrías que se han podrido con el tiempo, con un toque de muerte, esa tipa que remata tan bien de cabeza y de guadaña y que nos golea queramos o no, que es pichichi de amarguras y sombras.

Que alguien me diga, usted misma señora Francis, por qué ayer por la noche hablé con un amigo de otro amigo muerto y ninguno de los dos supimos decir más que tópicos. Pedimos un par de vinos más y bebimos Rueda con rabia. Vuelva usted, señora, porque ya no me valen ni la biblia, ni el catecismo, ni siquiera el vino. Vuelva a contarnos fábulas para adultos y a no permitir que nos dejen solos los que más compañía nos hicieron.

Un beso.

Junio 1, 2009

Coches, aviones, mítines y misas

Uno se pregunta si es mejor usar  un avión Falcon para ir a un mitin o un coche oficial para ir a misa. Si el fin justifica los medios, a mí me parece todo bastante irregular, bastante chusco y casposo, un debate muy español mayormente, un debate de peluquería de señoras elevado a la categoría de asunto de Estado. Es como preguntar si es peor violar a un monaguillo (irlandés, eso sí) o permitir el aborto. Los obispos que salen a recibir a pie de coche oficial a los ministros que van a misa de doce en coche oficial son los mismos que aborrecen a los ministros que van en avión a los mítines y son proabortistas. Estos prelados aborrecen a quienes deshacen fetos de catorce semanas, pero justifican por comparación ética a quienes deshacen vidas de catorce años a base de meter mano y cosas peores.

Aunque la cosa se lía porque hubo otros ministros que usaban los aviones para ir a misa, a un mitin y a la guerra de Irak o a la guerra que fuera, y esos contaban con total feeling arzobispal. Hay obispos que, además, confunden manifestaciones con procesiones y no tienen problema alguno en admitir que acudan a ellas en coche oficial ciertos ministros de misa, comunión y avión. En fin.

El caso es que se concluye que el apego por el coche oficial y el avión militar es una querencia que comparten con la misma intensidad la izquierda y la derecha. Y que el resto de los argumentos que ocupan a quienes viajan en autobús y, a lo sumo, en su coche refinanciado, están fuera de las prioridades de quienes van de mitin en mitin con los gastos pagos.

Lo peor de estas trifulcas de patio de Monipodio es que los que sólo vamos en avión cuando pillamos tarifa barata, tenemos la sensación de vivir en otro mundo del que sólo nos sacan cada cuatro años para que vayamos a votar y, desde luego, no nos llevan a las urnas en cochen oficial. Ni en Falcon.

Marzo 28, 2009

Reflexión

Cuando llega la jornada de reflexión de unas elecciones, los políticos se empeñan siempre en demostrar que son seres normales. El día de la reflexión lo dedican a hacer la compra, ver la televisión, estar con sus hijos, hacer la comida, leer (faltaba más), escuchar música (desde luego) y pasear por la naturaleza vestidos de sport. Un político en jornada de reflexión considera excepcionales las tareas que el resto de los humanos hacemos a diario, lo cual sólo confirma que la vida política tiene bastante de anormal y, además, de alejada de la realidad cotidiana de los ciudadanos y presuntos votantes. Estas exhibición es de ‘vida normal’ me recuerdan a las de los perritos amaestrados que salen en el circo. Los caniches levantan la patita para saludar, parece que tocan una guitarra, cantan ladrando la versión canina de ‘Paquito el chocolatero’ y van vestidos con ropa de humanos. Parecen personas, pero no lo son. Nos dan un poco de grima, con la fascinación de quien observa los ademanes casi humanos de un gorila y se ve vagamente reflejado en ellos. Mientras un político tenga que esforzarse por convencernos de que es una persona normal y de que eso sólo lo puede hacer en jornada de reflexión, la política interesará cada vez a menos gente. Tendrá mucho de espectáculo, algo de zoológico y nada de real. La prueba de ello es que ya casi nadie tiene nada que reflexionar en las jornadas de reflexión.